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Solus Christus

  • Writer: Jorge Reyes
    Jorge Reyes
  • Aug 12
  • 3 min read

Con frecuencia compramos diversas cosas y pensamos que les faltan accesorios para lucir mejor, darles más valor o, simplemente, sentirse completas. En nuestra vida espiritual sucede algo similar: a menudo creemos que necesitamos algo extra algo humano o espiritual para alcanzar la salvación o sentirnos bien con Dios.

Pero al estudiar detenidamente la Biblia, como lo hizo Martín Lutero con los Salmos, Romanos, Gálatas y Hebreos, descubrimos una verdad liberadora: no necesitamos intermediarios no necesitamos de un papa que escuche nuestras confesiones, ni sacrificios anuales, ni ritos humanos porque todo fue consumado en Jesucristo. Él, con su muerte en el Calvario, ha hecho el sacrificio perfecto; ya no dependemos de ningún otro sistema. Solus Christus—solo Cristo—es todo lo que necesitamos.

Para entender bien este gran privilegio, el autor de Hebreos lo compara con lo que sucedía en el libro de Levítico:

  • El sistema sacrificial: un animal sin defecto, su sangre rociada en el Lugar Santísimo, una vez al año, para cubrir el pecado.

  • El sistema sacerdotal: un sacerdote sin mancha acercándose a Dios en nombre del pueblo.

  • El Día de la Expiación: el único día dedicado completamente al perdón.

Pero Jesús fue más allá: es nuestro Gran Sumo Sacerdote, no solo presentó la sangre, sino que Él mismo fue el sacrificio sin mancha, perfecto y definitivo. El sistema antiguo ha quedado obsoleto porque Cristo se presentó en persona, dia y por siempre, como nuestro Salvador.

Solo en Él encontramos plenitud: Él es el camino, la verdad, la vida; la puerta; el sacrificio; el mensajero; el pan de vida; nuestra paz; el Hijo de Dios. Solo Cristo. Solo su sangre limpia. Solo Él.

¿Podemos creerlo hoy?

Te invito a poner tu mirada solo en Jesús. Él basta. Si necesitas compañía en oración, no estás solo: aquí estamos para orar contigo.

Oremos juntos:

Señor Jesús, gracias porque Tú llegaste para cumplir todo lo que nosotros no pudimos. Gracias porque con Tu sangre y Tu persona completaste lo que ningún otro pudo. Acepto hoy que solo Tú eres mi Salvador, mi mediador, mi todo. Enséñame a descansar plenamente en Tu obra. Amén.



Con cariño pastoral,

Pastor Jorge Reyes Jr.



English Version

Often, we buy various items and feel they still need accessories—to enhance their appearance, increase their value, or simply make them feel complete. Our spiritual lives can mirror this tendency: we sometimes believe we need something extra—some human or ritual addition—to attain salvation or feel right with God.

Yet, as Martin Luther discovered while studying the Psalms, Romans, Galatians, and Hebrews, a liberating truth stands clear: we don’t need intermediaries—no pope to hear our confessions, no annual sacrifices, no human rituals—because Jesus Christ has completed it all. Through His death at Calvary, He made the perfect sacrifice. We no longer rely on any system. Solus Christus—Christ alone—is all we need.

To grasp this profound truth, the author of Hebrews draws a comparison with what is outlined in Leviticus:

  • The sacrificial system: A flawless animal’s blood sprinkled once a year in the Most Holy Place to cover sin.

  • The priestly system: A spotless high priest mediating between God and the people.

  • The Day of Atonement: The sole annual day designated for the people's sin’s forgiveness.

But Jesus transcended all of this: He is our Great High Priest. He not only presented blood before God—He offered Himself, the spotless and perfect sacrifice once and for all. The old system is now obsolete because Christ entered heaven personally and forever as our Savior.

In Him, we find fullness: He is the Way, the Truth, the Life; the Door; the Sacrifice; the Messenger; the Bread of Life; our Peace; the Son of God. Only Christ. Only His blood cleanses sins. Only He.

Can we believe this today?

I invite you to fix your gaze solely on Jesus. He is sufficient. And if you need someone to pray with you, you’re not alone—we’re here.

Let us pray together:

Lord Jesus, thank You for fulfilling through Your life what we never could. Thank You that through Your blood and Your very self, You completed the perfect work which no one else could. Today, I acknowledge that You alone are my Savior, my Mediator, my everything. Teach me to rest fully in Your finished work. Amen.

With pastoral love,



Pastor Jorge Reyes Jr.


 
 
 

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