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Insane Life

  • Writer: Jorge Reyes
    Jorge Reyes
  • Sep 16
  • 4 min read

Todos, en algún momento de la vida, nos hemos hecho la gran pregunta: “¿Por qué vinimos a esta tierra?” No es una duda nueva; ha estado presente en cada generación. Incluso el hombre más sabio de la Biblia, el rey Salomón, se la hizo.

Y es que nuestra vida diaria parece un ciclo sin fin. Desde que suena la alarma por la mañana, nuestra mente empieza a correr: llevar a los niños a la escuela, cumplir con el trabajo, hacer cuentas, pagar facturas. Apenas terminamos de pagar una tarjeta de crédito, y de repente surge un gasto inesperado que la vuelve a llenar. Y así pasan los días: trabajar, pagar, correr de un lado a otro, llegar cansados a la cama, dormir y repetir lo mismo al día siguiente. Entonces, como Salomón, nos preguntamos: “¿Cuál es el verdadero porqué de la vida?”

En el Nuevo Testamento encontramos a los expertos de la ley discutiendo qué mandamiento de Moisés era el más importante. Y Jesús les responde con palabras que atraviesan el corazón: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente.” Con eso, Jesús nos recuerda que todo lo que hacemos, hasta lo más cotidiano, debe estar centrado en Él.

Cuando aprendemos a vivir una vida centrada en Jesús, entonces la rutina se convierte en propósito, el cansancio en dirección, y encontramos la verdadera razón de nuestra existencia.

Déjeme darle algunas sugerencias para encontrar sentido en la vida:

1. VIVAMOS CENTRADOS.

El mundo ofrece muchas cosas que parecen atractivas, pero ninguna de ellas puede darnos verdadera felicidad. Ni los vicios, ni los placeres, ni las riquezas más costosas pueden llenar el vacío del corazón. Solo Dios puede hacerlo. La única manera de encontrar el propósito de nuestra vida es vivir una vida con Jesús en el centro.

2. REORIENTEMOS NUESTRA VIDA COMPLETA EN ÉL.

No olvidemos que fuimos creados por Dios. Él nos diseñó, Él nos dio vida, y solo Él conoce el propósito para el cual fuimos creados. Si buscamos sentido fuera de nuestro Creador, siempre quedaremos vacíos. Necesitamos reorientar nuestra vida y ponerla por completo en Sus manos.

EN CONCLUSIÓN.

En medio de todas las actividades diarias, debemos dejar un margen, un espacio en blanco en nuestra agenda, exclusivamente para Dios. Si llenamos nuestra vida de tareas y no apartamos tiempo para orar, leer la Palabra y adorarle, los días se nos escaparán sin descubrir el propósito de nuestra existencia.

Mi consejo para ti es este: encuentra y protege un espacio en tu vida para tener momentos íntimos con Dios. Ahí, en esa comunión personal, tu corazón será fortalecido, tu mente renovada, y tu vida encontrará el verdadero sentido para el cual fuiste creado.


English Version

All of us, at some point in life, have asked the big question: “Why did we come to this earth?” This isn’t a new question; it has been present in every generation. Even the wisest man in the Bible, King Solomon, asked it.

And the truth is, our daily life often feels like an endless cycle. From the moment the alarm rings in the morning, our mind begins to race: taking the kids to school, getting through work, paying bills, trying to catch up. Maybe we finally pay off a credit card, and suddenly an unexpected expense fills it right back up. And so the days go by—work, pay, run here and there, come home exhausted, sleep, and wake up to do it all over again. And in those moments, like Solomon, we ask: “What is the real purpose of life?”

In the New Testament we find the experts of the law debating which of Moses’ commandments was the most important. And Jesus responds with words that pierce the heart: “Love the Lord your God with all your heart, with all your soul, and with all your mind.” With this, Jesus reminds us that everything we do—even the most ordinary things—must be centered on Him.

When we learn to live a Christ-centered life, our routine gains purpose, our weariness finds direction, and we finally discover the true reason for our existence.

Let me share a few suggestions to help us find meaning in life:

1. LIVE CENTERED.

The world offers many things that look attractive, but none of them can give us true happiness. Neither vices, nor pleasures, nor even the most expensive possessions can fill the emptiness of the heart. Only God can. The only way to find real purpose is to live a life with Jesus at the center.

2. REORIENT OUR WHOLE LIFE IN HIM.

We must never forget that we were created by God. He designed us, He gave us life, and only He knows the true purpose for which we were created. If we seek meaning outside of our Creator, we will always come up empty. We need to reorient our lives and place them completely in His hands.

In the middle of all our daily responsibilities, we must leave a margin—an empty space in our agenda—reserved for God. If we fill our life only with tasks and fail to set aside time to pray, read His Word, and worship Him, our days will slip away without us ever discovering the purpose for which we were created.

My pastoral advice to you is this: find and protect a sacred space in your life to spend intimate moments with God. In that personal communion with Him, your heart will be strengthened, your mind renewed, and your life will finally find the true meaning for which you were created.


 
 
 

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